Koh Panghan, Full Moon Party y una moto poco estable

Nos despedimos de la maravillosa Koh Tao, y llegamos a Koh Panghan con una alta expectativa de playas, fiestas y rutas en moto. A pesar de ser plena Full Moon Party, hemos venido sin alojamiento reservado jugándonos todo a una carta: tener mucha suerte al bajar del barco…

Día 279 de viaje

Koh Phangan, 37º

Nivel de nostalgia: 795%

Nivell de energía: 100%

Peleas: 9

Peleas Sergi vs. Olga: 112

Con una mezcla de pena y ganas dejamos Koh Tao, una isla que nos ha atrapado con su tranquilidad, belleza y buena vida, para seguir explorando las islas del mar de Tailandia.

Nos vamos de Koh Tao

Dejamos la habitación temprano y nos dirigimos al puerto para tomar un ferry, que si no se hunde nos llevará a Koh Panghan, famosa por acoger la Full Moon Party y segunda isla en tamaño a este lado del país. Nos toca hacer una cola larguísima rodeados de guiris y pelearnos con cientos de mochilas para encontrar un lugar decente en el barco. El trayecto, de menos de una hora, lo pasamos mirando el mapa. Todos, absolutamente todos, nos han recomendado reservar alojamiento previamente, ya que con la Full Moon Party la isla se ve desbordada de turistas y encontrar algo se hace excesivamente complicado.

Obviamente, no tenemos nada reservado.

Pero qué es la Full Moon Party? Aplicamos una triple respuesta.

Lo que era hace unos años: los años 60 (o 70, o 80, dependiendo de quién cuente la historia), un grupo de viajeros celebraron una fiesta de cumpleaños en la playa, con música y hogueras, y ésta tuvo tanto éxito que decidieron que se tenía que repetir con regularidad. Así pues, cada luna llena esta fiesta alternativa y casi secreta tenía lugar en la misma playa, haciéndose cada vez más popular y famosa.

Lo que dicen que es: una fiesta alternativa irrepetible donde todo el mundo se decora el cuerpo con pintura fosforescente, bebe, y baila en la playa rodeados de hogueras y a la luz de las estrellas, con buena música techno y un ambiente especial que la hace única .

Preparados para la fiesta

Lo que realmente es: una turistada grande como una montaña, donde los guiris (ingleses principalmente) beben en cantidades industriales, la gente se acumula en la playa sin tener ni un centímetro libre de espacio, y los thais aprovechan para subir el precio a todo como si fuera navidad.

Aunque esta información la teníamos antes de llegar, aplicamos la máxima de “una al año no hace daño” y decidimos ir.

Llegamos al puerto y empezamos a caminar por pura intuición, intentando encontrar de alguna manera un hostal con precios asumibles. Después de unos 25 minutos caminando y casi perdiendo toda esperanza, hacemos un movimiento inteligente dejando a uno de nosotros vigilando las mochilas y yendo los otros a dos buscar algún lugar sin el peso de las mochilas. Olga se sacrifica por el equipo y nos espera en una esquina mientras Patri y yo activamos el chip busca-hostales. Al final, la suerte nos sonríe y a dos calles encontramos un hostal nuevo regentado por dos franceses sorprendentemente simpáticos, que nos dejan unas literas con aire acondicionado por un precio alto, pero más bajo de lo que esperábamos pagar. Aceptando el trato, corremos a avisar a Olga y todos juntos entramos triunfantes a la habitación, aquella que nadie pensaba que encontraríamos.

Full Moon Party
En la fiesta latina

Salimos a comer, descubriendo un mercado a pocas calles de distancia donde podemos escoger entre comida local, pizzas, carne a la brasa, hamburguesas, y cientos de platos diferentes más. Un gran descubrimiento, sobre todo para Olga que se anima a probar un plato típico de la isla que se llama “espaguetis bolognesa”.

Llenos, después de una buena comida, Patri y Olga se van sin querer a comprar ropa “super barata Sergi en serio” a las tiendas cercanas al mercado, y descansamos un rato en las literas antes de prepararnos para la fiesta. Coger el taxi compartido hasta la playa ya demuestra un poco como la isla se viste de gala para recibir el dinero de los turistas que se animan a participar en la fiesta, que como descubriremos después, son muchos.

Llegamos a la zona bajo una tormenta descomunal, que por suerte dura poco más de un cuarto de hora, y empezamos a caminar para descubrir la salvaje Full Moon Party de Koh Panghan, la fiesta alternativa y mochilera más pervertida y explotada del sudeste asiático .

Podríamos resumir la experiencia en pocas palabras: alcohol, música, demasiada gente, ruido, ingleses rozando el coma etílico (que por lo que estamos viendo es casi su estado natural), gente pintada con colores fosforescentes, y en general mucho, muchísimo ambiente de descontrol. Lo mejor de la noche: una fiesta latina en la que nos cruzamos con algunos amigos de Koh Tao, y en la que pasamos la mayor parte de la jornada. La fiesta en la playa, demasiado llena y poco atractiva. En resumen: una noche divertida pero intensa.

Volvemos con un taxi (caro) que nos lleva hasta casi la puerta del hostal, dando así el día por terminado. Podemos tachar de la lista otro “imprescindiblede las islas de Tailandia, enmarcando una conclusión sobre la famosísima Full Moon Party: está bien ir, pero no repetiríamos.

 

Día 280 de viaje

Koh Phangan, 37º

Nivel de nostalgia: 795%

Nivell de energía: 100%

Peleas: 9

Peleas Sergi vs. Olga: 119

Evidentemente, después de la noche anterior, ignoramos la alarma y nos despertamos cerca de la una de la tarde con pintura en el cuerpo y un ligero dolor de cabeza. Seguramente del sol.

Nos sacudimos la pereza, y antes de comer alquilamos un par de motos después de un buen regateo, y las dejamos aparcadas mientras comemos en el mercado que tanto nos había gustado descubrir. Hoy Olga se anima con un plato tailandés exquisito llamado “pizza margarita“. Como podéis ver, ella viaja con los cinco sentidos.

Explorando la isla

Con la playa llena, conducimos las motos hasta una playa que se encontraba en la otra punta de la isla y que tardamos poco más de 20 minutos en llegar. Haad Mae Haad nos regala unas vistas de Koh Tao en el horizonte y una puesta de sol bajo las palmeras de la costa de aquellas que no se olvidan. No obstante, unas nubes antipáticas, nos invitan a volver por donde hemos venido y con la carretera más oscura de lo que quisiéramos, encaramos hacia el hostal. Sin querer, nos metemos por un camino de tierra y arena estrecho y con rocas, ideal para hacer trial. Lástima que no llevamos motos de trial. En un momento dado, encontramos el camino cortado y después de un frenazo en seco, Olga pierde el control de la moto. Gracias a sus habilidades psicomotrices y sus ágiles reflejos de ninja, además de caer y derrapar, nos tranquiliza desde el suelo con un rápido “estoy bien estoy bien“. Por suerte estaba bien: ninguna marca, golpe, ni rasguño, y todo en su sitio. Respiramos tranquilos: no tendremos que pagar reparación.

Olga también bien.

Después de este pequeño susto totalmente justificado (aquel camino hubiera tirado al suelo a cualquiera), llegamos heroicamente al hostal para ducharnos e ir a celebrar el día rodeados de comida exótica y local.

Espaguetis creo, pero esta vez carbonara. Para probar.

 

Día 281 de viaje

Koh Phangan, 37º

Nivel de nostalgia: 795%

Nivell de energía: 100%

Peleas: 9

Peleas Sergi vs. Olga: 126

Nos despertamos temprano, hoy sí, en el adorable hostal que los franceses tenían en la isla. Lo encontraréis fácilmente porque son los únicos franceses simpáticos. En general.

Volvemos a coger la moto aún con el recuerdo de la caída presente en nuestras sonrisas, y aparcamos frente a una cafetería nada local pero muy buena, donde disfrutamos de un desayuno alejado de nuestro presupuesto  pero ideal para nuestras barrigas, que por culpa de Olga se alejan progresivamente de la gastronomía local y económica. Sospechamos que quiere llevarnos a la bancarrota para hacernos volver antes. Lo está consiguiendo.

Expertas moteras

Llegamos después de 30 minutos a Haad Khom, una playa adorable en la que pasamos gran parte de la mañana, y que disfrutamos prácticamente en solitario. Desplazándonos para comer, nos apalancamos en un restaurante con vistas y nos relajamos cerveza en mano. De repente, Patri empieza a encontrarse extrañamente mal. El mareo llega a ser náusea y la náusea, inevitablemente, vómito. Tres opciones ponemos sobre la mesa:

– Exceso de calor.

– Exceso de alcohol.

– Embarazo.

Descartando la segunda por la falta de alcohol, y la tercera por falta de (no lo puedo escribir pero gracias Olga de nuevo…), asumimos que ha sido un golpe de calor acompañado de un desayuno demasiado opulento. Por suerte, una siesta lo arregla todo.

A falta de anécdotas más destacables, os invitamos a mirar las fotos, que describen mucho mejor lo que veíamos y disfrutábamos en las playas de Koh Panghan.

Cenamos en el mercado. Quien adivine el menú de Olga, que ponga “me gusta …”.

 

Día 282 de viaje

Koh Phangan, 37º

Nivel de nostalgia: 795%

Nivell de energía: 100%

Peleas: 9

Peleas Sergi vs. Olga: 137

Afrontamos el último día en Koh Phangan con un desayuno pijo en la cafetería que descubrimos, y cogemos las motos dispuestos a visitar todo lo posible antes de tener que irse.

Dos motos y los bañadores son suficientes para llevarnos hasta el otro extremo de la isla, donde tenemos intención de visitar unas cascadas. Después de seguir al pie de la letra las indicaciones de la gente y parar de urgencia a comprar gasolina, nos detenemos en un templo en el que no pasamos mucho tiempo y seguimos hasta una playa pequeña y escondida. Ni rastro de las cascadas. Nos las hemos pasado? Obviamente.

Koh Phangan
De las mejores playas de la isla

Por suerte, este pequeño error cartográfico nos lleva a una cala casi vacía y minúscula de la que disfrutamos entre cangrejos gigantes y conchas de mar, todo muy tailandés. Nos vamos antes de lo que quisiéramos para ir a las cascadas, ya que sólo teníamos media mañana, y cuando por fin las encontramos nos damos cuenta que tanto, tanto, no valían la pena. Quizás es que después de Laos, cualquier cascadita nos parecía poco.

Con cierta prisa, damos el día por terminado y nos dirigimos al centro para devolver las motos. La caída de Olga fue tan limpia que no dejó marca, así que aligerados recuperamos nuestros documentos y corremos al hostal para hacer el check out y ducharnos antes de dirigirnos a la oficina del puerto. Justo antes de partir, Tailandia nos saluda con una tormenta de proporciones épicas, e inunda las calles en cuestión de media hora. Obviamente, los únicos inútiles en toda la isla caminando éramos nosotros. Llegamos empapados para comprar los tickets y asumimos que el ferry llegará con retraso.

Un trayecto pasado por agua

Embarcamos en un bote que no tenía asientos para todos, y el breve trayecto se convierte en una odisea para no mojarnos más de lo estrictamente necesario teniendo en cuenta que estamos casi al aire libre. Cuando por fin llegamos, nos damos cuenta que Koh Samui y su ciudad principal son mucho mayores que Koh Tao o Koh Panghan. Por cierto, a estas alturas se habrá dado cuenta de que “Koh” significa isla.

Caminamos durante 20 minutos bajo la lluvia hacia el lado contrario al que dicta la lógica, y acabamos encontrando de casualidad una guest house con una sola cama de matrimonio que sólo nos convence por que está limpia y tiene aire acondicionado. Cenamos por la zona, aún bajo la lluvia, con la sensación de que Koh Samui no nos ha recibido con la mejor cara. Seremos capaces de afrontar una isla tailandesa con este clima?

De momento, una cosa está clara: mañana, cambiamos de alojamiento

 

2 Comments

  1. Ja trobava a faltar les vostres cròniques. Sembla que aquest pas no sortiu d’Asia. Fareu la volta a mig món.
    El que importa és gaudir de tot el què esteu vivint.

  2. Si, veu començar cada dia, ara no sé quan fa que vaig mirar i no havieu posat res.
    Bé dieu el què menjava l’Olga , però, i vosaltres?
    Veu començar a patir l’estiu d’allà, monzons, pluges torrencials que borren camins i carreteres, sé ensurts de gent que es van trobar allà aquestes èpoques.
    Si que veu anar amb concentracions d’anglesos, n’és ple a Thailandia. Al sud i a la capital, sobre tot. Sort que en veu sortir bé dels vaixells!

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